Hechizos

Miércoles, Julio 9, 2008

Nuevas claves sobre el enigma de Kafka.

Varios documentos guardados durante 40 años en un piso de Tel Aviv podrían arrojar nueva luz sobre el autor de ‘La metamorfosis’

ELPAÍS.com - Madrid - 09/07/2008

Los eruditos de Kafka ya se frotan las manos. En la planta baja de un viejo edificio de apartamentos del centro de Tel Aviv podría hallarse la clave definitiva para resolver las dudas sobre la vida y la obra de Franz Kafka, uno de los más grandes narradores del siglo XX y también uno de los más misteriosos. Varios investigadores están convencidos de que en ese lugar se encuentran los restos del legado del autor, un conjunto de documentos, cartas, postales, dibujos y otros objetos personales, según informa el diario israelí Haaretz que podrían arrojar nueva luz sobre el solitario autor que escribió los inquietantes La metamorfosis, El proceso y En la colonia penitenciaria, entre otras novelas y cuentos extraordinariamente singulares.

La existencia de ese valioso conjunto documental se conoce desde hace décadas pero su acceso ha estado vedado por la legataria, Ilse Esther Hoffe, secretaria de Max Brod, amigo y albacea de Kafka, que se ha opuesto con uñas y dientes a ceder su preciado tesoro. Eso sí, solía dejar entrever que entre las pertenencias había documentos muy valiosos. Ahora, la muerte de Hoffe, el año pasado, a los 101 años, ha abierto una nueva esperanza para los estudiosos del novelista, que esperan que las herederas de Hoffe, sus hijas Ruth y Hava, sean más receptivas que su madre. Hava, la más joven, de 74, es la que vive en el piso, pero ha sido imposible contactar con ella, según señala el diario Haaretz.

El periplo de un legado único

La historia de ese precioso legado comienza en 1924, cuando Kafka muere de tuberculosis en Viena a los 41 años. Su amigo Max Brod, también checo y judío, se hace cargo de su legado, que incluye varios manuscritos inéditos. Kafka le encargó que quemara sus obras tras su muerte, pero Brod ha pasado a la historia por haber desobedecido providencialmente la orden de su amigo. No sólo no destruyó los textos sino que los editó y los publicó. Las obras consiguieron pronto la fama internacional póstuma para Kafka.

La invasión nazi de Checoslovaquia obligó a Brod a huir de su país. Empaquetó las pertenencias de su amigo en una maleta y escapó hacia Tel Aviv, en Israel, donde se estableció en 1939. Allí cedió parte del material que poseía a algunos archivos oficiales, entre ellos los manuscritos de La metamorfosis, El castillo y América, pero retuvo buena parte de diverso material personal de Kafka. Viudo y sin descendencia, Brod mantuvo relaciones con varias mujeres, entre ellas su secretaria, Esther Hoffe, a quien legó sus pertenencias al morir, en 1968, a los 84 años.

La amenaza del deterioro

Desde entonces Hoffe se negó en redondo a mostrar los documentos o a cederlos a una institución pública, como la Biblioteca Nacional, en Jerusalén, que los conservara adecuadamente. Rechazaba las peticiones tanto de estudiosos como de periodistas. “Todo el mundo ha intentado acceder a este material, pero se han vuelto con las manos vacías”, señala a Haaret< Nuri Pagi, que escribe un doctorado sobre Brod en la Universidad de Haifa. “Es como un rompecabezas detectivesco y kafkiano que alguien no quiere que se resuelva“.

A pesar de sus negativas a cederlo a una institución, Hoffe sí que se decidió a vender algunos manuscritos, como el de El proceso, por el que se embolsó una cifra récord de dos millones de dólares (la mayor cantidad pagada por un manuscrito moderno) en una subasta en el Reino Unido. Otros textos los alojó en almacenes israelíes y extranjeros. El resto lo guardó en su apartamento de Tel Aviv, según Haaretz.

Pero la mayor preocupación ahora es que los documentos puedan haberse deteriorado tras décadas en pésimas condiciones de conservación. Las autoridades de Tel Aviv ya han advertido de que los papeles, con un alto contenido en ácido sulfúrico, no hayan tolerado las condiciones de humedad del apartamento de Hoffe en el centro de la ciudad. A lo que se añade el estropicio que pueden haber causado los perros y gatos que mantenía la anciana hasta hace dos años, cuando una inspección de sanidad tuvo que intervenir después de que los vecinos denunciaran el mal olor del domicilio, según señala The Guardian.

Es un tesoro oculto que el mundo civilizado estaría encantado de descubrir“, ha declarado a Haaretz el profesor Zohar Maor, que enseña historia en la Universidad Bar-Ilan. “Su valor es incalculable”.

En Hehizos: Franz Kafka.

Domingo, Julio 6, 2008

El toque «woody» de Kafka.

El Kafka turbador y angustiado es el que llega al lector del siglo XX. Así, el relato que encierra la frase «Una jaula salió en busca de un pájaro» compite con el de Monterroso, no sólo en brevedad sino en desasosiego. Tal cual lo quería Kafka, pero así no era Kafka, según se entrevé ahora, en su aniversario, y tras de que su celosa secretaria falleciera en 2007, abriendo la barrera a todos los buscadores de «la llave» de su «Castillo». Uno de los mayores escritores en lengua alemana nació hace 125 años en Praga, cuando las ciudades aún no eran nacionales. Praguense, germanófono, solitario, judío, soltero, hipocondríaco, reprimido, en sus diarios dice vivir en la escritura, agarrado con dientes al escritorio, pero cada mañana ficha de 8 a 14 horas en la oficina que sería de Assicurazioni Generali, y batalla con accidentes de trabajo. ¿No parece de Woody Allen?

Quiere estudiar alemán y hace Derecho, quiere ir a Múnich y se queda en Praga, quiere moverse, pero no se mueve, quiere casarse pero no sabe y sigue soltero. Así lo describe Reiner Stach en su elogiada biografía final, uno de los numerosos libros aparecidos para el aniversario. Entre ellos, Klaus Wagenbach lo presenta por primera vez riendo en portada, lejos de esa famosa foto «que parece un aguafuerte de Käthe Kollwitz».

En realidad, Kafka no vive en su escritorio por la tarde, ni en su mesa de oficina por la mañana, sino en ese «no lugar» que es la lengua, en la que se relame y goza colocando palabras: a su Felice Bauer confiesa su disfrute, leyéndose a sí mismo en voz alta, y los expertos lo notan en la sonoridad que alcanza en alemán. Hans Gerd Koch, uno de los mayores expertos en Kafka y que acaba de revisar su última correspondencia y publicar «Kafka in Berlin», cree que Kafka no era sombrío y que es muy capaz de tensar su escritura anticipando técnicas y recursos de suspense que luego emplearía Hitchcock en el cine. «Era un cinéfilo entusiasta», dice Koch a Die Welt, y resulta magistral las dosis en que proporciona la tensión al lector.

En su lecho de muerte seguía escribiendo como un loco. No es cierto que quisiera destruirlo todo y en su testamento incluyó sus siete obras publicadas. Lo que le dolía era el fracaso de sus novelas largas, que fueron las que pidió quemar a Max Brod. Si tal vez sospechó que éste no lo haría, lo que difícilmente podría haber sospechado fue el eco mundial que luego tendrían.

Estresante y transcultural Koch reniega del uso general, presente en casi todas las grandes lenguas, del adjetivo «kafkiano» para un absurdo capaz de crear malestar y angustia. Lo significativo de su escribir es cómo exige al lector hacer pasar su propia experiencia por el tamiz que le propone, una experiencia estresante pero transcultural, lo que explica su sintonía y éxito global. En «Metamorfósis» se despierta insecto, en «Informe a la academia» es un mono que explica su preocupante transformación en humano, en «Investigaciones de un perro» el can relata su búsqueda de la verdad y por ello el rechazo de los otros perros.

A sus 104 años Alice Herz-Sommer, la pianista que trató al escritor, sobrevivió luego al campo checo de Terezin y es cuñada del amigo de Kafka Felix Weltsch, cree que éste «vino al mundo con la curiosa pregunta: ¿qué es lo que tenemos que ver nosotros con este mundo?» Y su respuesta no era sólo triste, de hecho recuerda divertidos paseos con él leyendo en voz alta. Ulf Poschardt confirma en Die Welt que Kafka se partía de risa leyéndose a sí mismo.

Luego escribiría en una misiva que «si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el rostro, ¿para qué lo leemos?». Y agrega: «Un libro tiene que ser el hacha para abrir el mar helado en torno a nosotros». Así lo quiere Kafka para el lector, no tanto para sí. «Es un autor político», asegura Koch. Pero junto a sus influencias de Goethe, así como de Kleist, Hebel y Adalbert Stifter, en realidad tendría un sentido «woodyallenesco», muy yiddisch, de encarar la vida. «Los asistentes de «El Castillo» son típicos del teatro grotesco judío», dice Koch. Como lo es el intento del escarabajo por preparar su maleta, la ironía y el sentido cómico está en la propia correspondencia oficial de Kafka como agente de seguros. «Kafka representa como pocos la angustia en alemán», escribe Steinfeld, «pero Kafka no fue el gran cautivo, sino el gran virtuoso de la lengua alemana».

En su artículo en el Süddeutsche Zeitung toma la primera frase de «Metamorfosis» para explicar cómo el despertar de Samsa constituye un ejemplo de construcción en alemán. También lo es la cadencia con que introduce sus frases, por autocríticas y lapidarias que sean: según los expertos, Kafka disfruta recreando su figura en sus frases anti-kafkianas. La fría evidencia que introduce la primera frase de «El proceso», según el Frankfurter Allgemeine, podría ser la primera secuencia de un «thriller» o una frase de colegio: a medida que se indaga en esa duplicidad «aparece el genio».

© Ramiro Villapadierna. El toque «woody» de Kafka”. Publicado en ABC (04/07/08)

En Hehizos: Franz Kafka.

Domingo, Mayo 25, 2008

Historias Paralelas: La Torre de Babel.

Es cosa sabida que la leyenda sumeria de la Torre de Babel, recogida a su manera por el Antiguo Testamento y representada en múltiples pinturas desde entonces, ha dado lugar a sucesivas especulaciones sobre el origen del lenguaje y la diversidad apabullante de las lenguas. Es un motivo polivalente ligado de manera imaginaria a la problemática del lenguaje y así lo han evocado teólogos, filósofos, lingüistas y creadores de todo orden, tan diversos como por ejemplo J. L. Borges en “La biblioteca de Babel, Frank Kafka en “El escudo de la ciudad”, Jacques Derrida en “Torres de Babel”, Fritz Lang en el film Metrópolis y hasta el cantante popular francés Guy Béart.

La torre de Babel. Kunst Historiches Museum. Viena. 1563.

P. Brueghel: La torre de Babel. Kunst Historiches Museum. Viena. 1563.

Historia I:

1 Tenía entonces toda la Tierra una sola lengua y unas mismas palabras.
2 Y aconteció que, como se partieron de oriente, hallaron una vega en la tierra de Shinar, y asentaron allí.
4 Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.
5 Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.
6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensando hacer.
7 Ahora pues, descendamos, y confundamos allí sus lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.
8 Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la Tierra, y dejaron de edificar la ciudad.
9 Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.

© La Torre de Babel. Génesis 11:1-9

Historia II:

En un principio no faltó la organización en las disposiciones para construir la Torre de Babel; de hecho, quizás el orden era excesivo. Se pensó demasiado en guías, intérpretes, alojamientos para obreros y vías de comunicación, como si se dispusiera de siglos. En esos tiempos, la opinión general era que no se podía construir con demasiada lentitud; un poco más y hubieran abandonado todo, y hasta desistido de echar los cimientos. La gente razonaba de esta manera: lo esencial de la empresa es el pensamiento de construir una torre que llegue al cielo. Lo demás es del todo secundario. Ese pensamiento, una vez comprendida su grandeza, es inolvidable: mientras haya hombres en la tierra, existirá también el fuerte deseo de terminar la torre. Por consiguiente no debe preocuparnos el futuro. Al contrario: el saber de los hombres adelanta, la arquitectura ha progresado y seguirá progresando; de aquí a cien años el trabajo para el que precisamos un año se hará tal vez en pocos meses, y más resistente, mejor. Entonces, ¿a qué agotarnos ahora? Eso tendría sentido si cupiera la esperanza de que la torre quedará terminada en el espacio de una generación. Esa esperanza era imposible. Lo más creíble era que la nueva generación, con sus conocimientos superiores, condenara el trabajo de la generación anterior y demoliera todo lo adelantado, para recomenzar. Tales pensamientos paralizaron las energías, y se pensó menos en construir la torre que en construir una ciudad para los obreros. Cada nacionalidad quería el mejor barrio, y esto dio lugar a disputas que culminaban en peleas sangrientas. Esas peleas no tenían fin; algunos dirigentes opinaban que demoraría muchísimo la construcción de la torre y otros que más valía aguardar que se reestableciera la paz. Pero no sólo en pelear pasaban el tiempo; en las treguas se dedicaban a embellecer la ciudad, lo que provocaba nuevas envidias y nuevas peleas. Así pasó la era de la primera generación, pero ninguna de las siguientes fue distinta; sólo aumentó la destreza técnica y con ella el ansia guerrera. Aunque la segunda o tercera generación reconoció la insensatez de una torre que llegara hasta el cielo, ya estaban demasiado comprometidos para abandonar los trabajos y la ciudad.

El vaticinio de que cinco golpes sucesivos de un puño gigantesco aniquilarán la ciudad, está presente en todas las leyendas y cantos de esa ciudad. Por esa razón el escudo de armas de la ciudad incluye un puño.

© “El escudo de la ciudad” de Franz Kafka [Texto completo, 1917]

Martes, Mayo 13, 2008

Kafka: “Amo la existencia que tú me otorgas”

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No son justos aquellos que suponen a un Kafka siempre sufrido y en penumbras. El hombre tuvo sus momentos de alegría, risas, deseos y placer. Con no poca frecuencia practicaba natación, hacía gimnasia, remaba, trabajaba y tomaba sol desnudo en el jardín de su casa: el nudismo como filosofía de vida, al igual que la opción vegetariana en las comidas, era una de sus aficiones; de tanto en tanto, además, frecuentaba las tabernas de Praga, donde bebía y dialogaba con almas perdidas como la suya. Fue quizá para compensar los excesos (que incluían visitas reiteradas a los prostíbulos de la ciudad) que con el tiempo se hizo naturista. En un pie de página de los diarios compilados por su amigo Max Brod cuenta que Kafka siempre mostró interés por la terapia natural: “Siguió todas sus derivaciones: la comida cruda y vegetariana, el nudismo, la gimnasia y la antivacunación“.

Además Kafka fue un hombre enamorado. Alrededor de dos años duró la relación fraternal y amorosa entre Franz Kafka y Milena Jesenská. Pero salvo unos pocos encuentros esporádicos en Viena, el vínculo se desarrolló básicamente por vía epistolar. Los fragmentos que se reproducen a continuación forman parte de una nueva e inminente reedición por Editorial Losada de “Cartas a Milena. En esos mensajes aparece con frecuencia un Kafka enamorado y por momentos exultante, pleno de energía:

Milena Jesenská“Sólo en sueños soy tortuoso. Es tan lindo haber recibido tu carta y tener que responderla con este cerebro insomne. No sé qué escribir. Me limito a vagar entre las líneas, a la luz de tus ojos, en el aliento de tu boca, como en un bello día de felicidad.”

“No sé cómo abarcar toda esta dicha en palabras, ojos, manos y este corazón. No sé cómo abarcar la felicidad de tenerte aquí, la alegría de que me pertenezcas. No solo te amo a ti. Es más lo que amo: amo la existencia que tú me otorgas.”

“Yo te quiero como el mar desea a un diminuto guijarro hundido en sus profundidades. De igual manera te envuelve mi amor. Y ojalá yo sea para ti ese guijarro. Amo al mundo entero y a ese mundo pertenecen también tus hombros y tu rostro sobre mí en el bosque y ese descansar mío sobre tu pecho casi desnudo.”

“Qué fácil será la vida cuando estemos juntos. Entiéndeme bien y sigue siendo buena conmigo. Antes de conocerte creía no poder soportar la vida, no poder soportar a los hombres Y eso me avergonzaba. Pero tú Milena me confirmas ahora que no era la vida lo que me parecía insoportable. Hoy me bastan unas pocas líneas tuyas, dos líneas, una sola palabra. Lo único cierto es que lejos de ti no puedo vivir. No deseo otra cosa que hundir mi rostro en tu regazo, sentir tu mano sobre mi cabeza y permanecer así hasta la eternidad.”

© Franz Kafka, “Cartas a Milena”, Editorial Losada, Buenos Aires.

Fuente │La sonrisa de Kafka

En Hehizos: Franz Kafka.

Viernes, Marzo 21, 2008

Soy un hombre callado.

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Los que me conocen lo saben, soy un hombre callado. El porqué ya lo escribió, entre otros, Frank Kafka en sus diarios y cartas. Afortunadamente no se cumplió su última voluntad y sus textos, gracias al esfuerzo de su amigo Max Brod, no fueron quemados tras su muerte. En cualquier caso, ¿Qué hubiese pensado el autor?

Soy un hombre cerrado, taciturno, poco sociable, descontento, sin que todo ello constituya una infelicidad para mí, ya que es solamente el reflejo de mi meta. De mi modo de vivir en casa se puede sacar alguna deducción. Vivo en familia con personas bonísimas y afectuosas, más extraño que un extraño. Con mi madre no he cambiado en estos últimos años más de veinte palabras de promedio al día; con mi padre, nada más que el saludo. Con mis hermanas casadas y mis cuñados no hablo en absoluto, sin que esto signifique que esté enojado con ellos. El motivo es sencillamente éste: no tengo absolutamente nada que decirles. Todo cuanto no es literatura me hastía y provoca mi odio, porque me molesta o es un obstáculo para mí, por lo menos en mi opinión”.

Me opongo por completo a todo lo que sea hablar. Cualquier cosa que diga está equivocada en mi sentido. Para mí, el discurso quita toda seriedad e importancia a cuanto digo. Por eso soy callado, no sólo por necesidad, sino también por convicción. Sólo el escribir es la forma de expresión apropiada a mi persona, y lo seguirá siendo incluso cuando estemos juntos.”

Frank Kafka (”Cartas a Felice”)

Escuchando: Enjoy the Silence de Depeche Mode.

En Hehizos: Franz Kafka.

Sábado, Diciembre 15, 2007

La niña del parque y la muñeca viajera

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Uno de los episodios más entrañables y desconocidos de la vida de Kafka, que nos demuestra que no sólo fue un excelente escritor sino una persona con una gran sensibilidad, tuvo lugar en un parque de Berlín, durante el último año de vida de nuestro atormentado autor.

El novelista estadounidense Paul Auster, uno de mis preferidos de la última década, cuenta la historia del “cartero de muñecas” en su libro Brooklyn Follies… así:

[...] “Estamos en el último año de la vida de Kafka, que se ha enamorado de Dora Diamant, una chica polaca de diecinueve o veinte años de familia hasídica que se ha fugado de casa y ahora vive en Berlín. Tiene la mitad de años que él, pero es quien le infunde valor para salir de Praga, algo que Kafka desea hacer desde hace mucho, y se convierte en la primera y única mujer con quien Kafka vivirá jamás. Llega a Berlín en el otoño de 1923 y muere la primavera siguiente, pero esos últimos meses son probablemente los más felices de su vida. A pesar de su deteriorada salud. A pesar de las condiciones sociales de Berlín: escasez de alimentos, disturbios políticos, la peor inflación de la historia de Alemania. Pese a ser plenamente consciente de que tiene los días contados.

Todas las tardes Kafka sale a dar un paseo por el parque. La mayoría de las veces, Dora lo acompaña. Un día, se encuentra con una niña pequeña que está llorando a lágrima viva. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido su muñeca. Él se pone inmediatamente a inventar un cuento para explicarle lo que ha pasado. “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tú cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece recelosa. “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta ella. “No, lo siento”, dice él, “me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” Es tan persuasivo, que la niña ya no sabe qué pensar. ¿Es posible que ese hombre misterioso esté diciendo la verdad? Kafka vuelve inmediatamente a casa para escribir la carta. Se sienta frente al escritorio y Dora, que ve como se concentra en la tarea, observa la misma gravedad y tensión que cuando compone su propia obra. No es cuestión de defraudar a la niña. La situación requiere un verdadero trabajo literario, y está resuelto a hacerlo como es debido. Si se le ocurre una mentira bonita y convincente, podrá sustituir la muñeca perdida por una realidad diferente; falsa, quizá, pero verdadera en cierto modo y verosímil según las leyes de la ficción.

Al día siguiente, Kafka vuelve apresuradamente al parque con la carta. La niña lo está esperando, y como todavía no sabe leer, él se la lee en voz alta. La muñeca lo lamenta mucho, pero está harta de vivir con la misma gente todo el tiempo. Necesita salir y ver mundo, hacer nuevos amigos. No es que no quiera a la niña, pero le hace falta un cambio de aires y por tanto deben separarse durante una temporada. La muñeca promete entonces a la niña que le escribirá todos los días y la mantendrá al corriente de todas sus actividades.

Ahí es donde la historia empieza a llegarme al alma. Ya es increíble que Kafka se tomara la molestia de escribir aquella primera carta, pero ahora se compromete a escribir otra cada día, única y exclusivamente para consolar a la niña, que resulta ser una completa desconocida para él, una criatura que se encuentra casualmente una tarde en el parque. ¿Qué clase de persona hace una cosa así? Y cumple su compromiso durante tres semanas, Nathan. Tres semanas. Uno de los escritores más geniales que han existido jamás sacrificando su tiempo (su precioso tiempo que va menguando cada vez más) para redactar cartas imaginarias de una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. En otras palabras, era su estilo característico, y a lo largo de tres semanas Kafka fue diariamente al parque a leer otra carta a la niña. La muñeca crece, va al colegio, conoce otra gente. Sigue dando a la niña garantías de su afecto, pero apunta a determinadas complicaciones que han surgido en su vida y hacen imposible su vuelta a casa. Poco a poco, Kafka va preparando a la niña para el momento en que la muñeca desaparezca de su vida por siempre jamás. Procura encontrar un final satisfactorio, pues teme que, si no lo consigue, el hechizo se rompa. Tras explorar diversas posibilidades, finalmente se decide a casar a la muñeca. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, incluso la casa donde la muñeca vive ahora con su marido. Y entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

Para entonces, claro está, la niña ya no echa de menos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa a cambio, y cuando concluyen estas tres semanas, las cartas la han aliviado de su desgracia. La niña tiene la historia para habitar un mundo imaginario, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia sigue su curso, la realidad deja de existir. [...]“ 

Se desconoce la identidad de la niña llorosa, de la muñeca, y las cartas originales nunca aparecieron. Sin embargo, el prolífico autor Jordi Sierra se atreve en su novela Kafka y la muñeca viajera a recrear la situación, a reescribir las cartas perdidas y a tratar de descubrir los motivos por los cuales se embarcó Kafka en tan singular aventura.

Un fragmento para olvidar para todos aquellos que creen en el poder de las palabras…

En Hehizos: Franz Kafka.


Enlaces externos:

Kafka (1883-1924) (Wikipedia)
Sitio Web de Kafka en español.
Kafka. Artículos y textos del autor. Bibliografía, cronología contada.
The Kafka Proyect. (en inglés)
Frank Kafka Biography. (en inglés)
Paul Auster-Definitive Website. (en inglés)
Paul Auster. (Wikipedia)
Brooklyn Follies, Paul Auster, Anagrama. 2006
Web oficial de Jordi Sierra
Jordi Sierra i Fabra. (Wikipedia)
Kafka y la muñeca viajera, Premio Nacional de Literatura infantil.

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